
Renovar un baño en fases: Capítulo 3: La bañera que ganó la batalla a la ducha italiana
Renovar un baño en fases: Plan soñado: ducha italiana con mampara de cristal. Realidad: ¿con qué dinero, reina?
Renovar un baño en fases: Capítulo 3: La bañera que ganó la batalla a la ducha italiana.
Sí, así fue, me quedé con la bañera original. No porque fuera bonita (no, no lo era), sino porque cambiarla significaba gastar al menos 300 euros más en el plato de ducha, la mampara y la obra. Y eso consiguiendo todo de segunda mano, claro.
Spoiler: mi presupuesto dijo — Ja… jajaja… JAJAJA… no. Ni lo sueñes.
Pero ojo, que quedarse con la bañera no significa resignarse a odiarla. Así que empecé mi plan:
Paso 1: Operación: azulejo fuera.
Adiós azulejos de siempre: demasiados fantasmas atrapados en esas paredes. Cada golpe de martillo parecía un exorcismo al monstruo. Y si lloraban al romperse, era porque sabían que su reinado hortera había terminado. Mientras tanto, yo haciendo cardio nivel martillo.
Lo que no sabía era que la auténtica batalla no era romperlos, sino despegarlos de la cola de agarre de aquella época. Eso sí que era cemento con vocación de eternidad. Cada trozo parecía decirme: “a mí me pones en la fachada de un búnker en pleno bombardeo y tampoco me muevo”.
Y ahí estaba yo, golpeando, sudando y renegando, preguntándome en qué momento pensé que esto iba a ser fácil. Conclusión: subestimé al monstruo… otra vez.
Paso 2: Paneles de madera y un enlucido con carácter.
Después de la demolición, tocaba vestir a la bañera. Porque claro, el plan era simple: que dejara de parecer un ataúd esmaltado de los 70 y se acercara (aunque fuera un poquito) al rollo spa que mi presupuesto no podía pagar.
La solución: paneles de madera, que suenan muy fancy pero en realidad significa medir, cortar y encajar piezas que siempre parecen tener vida propia. El resultado: un frente con textura, cálido, y lo bastante bonito como para distraer la vista de todo lo demás.
Y como no podía dejarlo ahí, añadí un enlucido rústico en la parte baja. No porque sea experta en técnicas de albañilería (spoiler: no lo soy), sino porque disimula irregularidades y da ese aire de “lo hice yo misma y no me importa que se note
Paso 3: Pintura a la cal y barniz protector.
Último toque: pintura a la cal blanca para el enlucido y un barniz Eco satinado para proteger los paneles de madera.
Traducción: resistencia extra contra humedad y salpicones, y un acabado que hace que la bañera parezca mucho más cara de lo que realmente costó (nuevo spoiler: casi nada).
Mi plan soñado era tener una ducha italiana gigante. La realidad fue quedarme con la bañera original y reinventarla. ¿El resultado? Un frente de bañera con carácter, mitad rústico, mitad moderno. Y, sobre todo, la prueba de que no siempre necesitas miles de euros para que algo deje de ser el sarcófago donde dormía Nosferatu y pase a ser un rincón donde hasta apetece encender una vela y relajarte.
Esto no termina aquí… el monstruo sigue escondido entre las paredes y los suelos. Continuará, hasta que consiga exorcitarlo del todo (o me pida derechos de autor por la reforma).
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